lunes, 12 de junio de 2017

Lo que tenga que ser

Salí a buscar mi sombra por los acantilados, a encontrar nuevos dioses en otros lares que soñaran cumbres en la luna o abismos con flores en el fondo. Quise encontrar estaciones vacías con sus respectivos trenes a ninguna parte y pasajeros indelebles a los que contarles mis aflicciones.

Caminé hasta el Finis Terrae sumando, de oca en oca, hasta trece mientras disfrutaba viendo llorar a las estrellas y tornarse la luna sangre. Me fue lícito adivinar en Fez que los laberintos solo son imposibles en tu mente y, al otro lado del mundo, que Kukulkán vendría a buscarme un equinoccio cualquiera, ya estuviera en las faldas del Ararat o en el Top of the Rock. No era cuestión de geografías, sino de inflexiones.

Eso me condicionó a volver para mantener intactos mis paisajes salados, recoger besos en el aire para llenar de páginas mis tardes, de sueños mis noches, de tempestades mis lunes. Siempre mirando a lo alto de la escalera, donde habitan faunos, genios y Cervantes que con su ojo ciclópeo me vigilan, mientras camino con mis hojas mal impresas bajo el brazo, sabiendo que un clic de su dedo abre puertas y bares o un instante de purgatorio bajo un telón de miedo.

Después de mucho andar, un anemoi me advirtió que observara las cosas desde la distancia, con los ojos del alma, para no correr tras el viento, para aprender las formas en que la vida se desgrana con el mecanismo de un cuento, aunque el fuego queme y el hierro mate, para comprender que todos somos sombras, de un lugar a otro buscando un destino, un lugar en el que encajar,  demandando, tan solo, un día más para ver morir el sol, esperando que un faro ilumine nuestras huellas al volver a casa.



#palabrasalviento


lunes, 29 de mayo de 2017

Pintando en la oscuridad

Cada persona tiene una luz en su interior, unos proyectan un rayo tan fino como un hilo que parece fácil de tapar por la luz de las bombillas, hay personas que son en sí un cañón de energía inagotable y centellean haya por donde pasan, otros muchos son un piloto intermitente que cambian de color a lo largo de los años y otros a los que, de tanto intentar cosas sin suerte, terminan por fundirse.

La vida, a partes iguales, se desarrolla entre la luz y la oscuridad. Así lo marca el sol y la luna, aprendiz del astro rey, que se deja iluminar por él como si de su mentor se tratara, mientras el universo, ese lienzo oscuro salpicado por lucecitas que están años luz de nuestros dedos curiosos completan el paisaje onírico.

Este sábado he tenido la oportunidad de ser invitado a dirigir un taller para representar al Aula de Bellas Artes de la Universidad de Alcalá de Henares durante su jornada de Open Day. El desarrollo del taller consistía en pintar sin mancharnos la camisa y dibujar, nunca mejor dicho, castillos en el aire. Dibujos que mueren en el mismo acto de nacer pero que gracias a una cámara, bendito ojo que todo lo capta, podemos inmortalizar.

El taller fue muy divertido y disfrutaron de él tanto los pequeños como los mayores, unos se atrevieron a dibujar, otros prefirieron ser los retratados rodeados de todo tipo de trazos y de luces. Al final, el resultado, además de las fotos, fue un taller de experimentación que abrió la mente a más de un sorprendido visitante. Y yo quedo muy agradecido al Aula de Bellas Artes, y a todos los compañeros que me ayudaron a llevarla a cabo, por dejarme estar y disfrutar de la actividad.

Hasta el bueno de Quevedo vino a visitarnos y se las tuvo que ver en duelo singular en plena oscuridad contra un contrincante de luz.


lunes, 22 de mayo de 2017

¿Dije que te daría la Luna?

Dije que te la conseguiría costara lo que costara, y me embarqué en un viaje que habría de llevarme al enfrentamiento de todos mis miedos, a subir los picos más altos desde los que saltar para ir luego a caer a los abismos más profundos. Así es como recorrí miles de kilómetros buscando encontrar las escaleras de roca que me subieran hasta arriba y conocí gente de todos los recónditos rincones del planeta que nada sabían de cómo conseguirla. Aprendí magia con la intención de llegar a levitar lo suficiente para poder atrapar ese globo luminoso que tanto ansiabas, pero mi aprendizaje se quedó en trucos para engañar tu vista y hacerte desesperar.

Empecé a leer sobre Neil Armstrong, sobre Julio Verne y otros muchos que se pasaron noches mirando la luna fijamente para ver si se daba por aludida y bajaba a saludar. Hice un breve curso de oceanografía, aullé como un lobo y, al final, sentado en un banco de la plaza dejé caer lágrimas a la vista de los demás. Desde entonces fui llamado el pobre hombre que mira a la luna.

De tanta obsesión por conseguir el satélite te pedí un sorbo más de tiempo, tú bostezabas distraída, yo me apuraba a salir una noche más a caminar bajo el frío manto de estrellas. Encontré un trozo de papel arrugado, lo puse sobre la luna y recorté la forma del cuarto creciente. Te llevé el resultado pero no te sorprendió. Decías que era más divertido cuando escupía cartas por la boca y sacaba flores de los bolsillos.

Seguí esforzándome, día a día. Vi todos los videos de Meliés, vi lunas azules, lunas rojas y escuché la sonata a un claro de luna de Debussy y luego Beethoven, aunque no fui capaz de percibir cuál de ellos se acercaba más. Al fin supe, al menos, que había en el mundo muchos otros locos que habían perseguido el mismo sueño que yo y eso me reconfortó y angustió a partes iguales.

A la mañana siguiente me levanté con un pálpito, salté de la cama, fui a comprar un trozo de cuerda y me marché hasta el final del día, donde acaba la fina línea del horizonte y se puede coger con dos dedos. Allí esperé a que llegara la noche, acompañado de un gato con un solo ojo que no se separaba de mi lado, quizás con la esperanza de que le diera una tajada de mi cena.

Al fin apareció tímidamente el astro sobre el horizonte. Yo, que estaba ojo avizor, no tardé en atar mi trozo de hilo a un saliente de la luna. Era más áspera de lo que hubiera imaginado y tampoco emitía luz propia sino que la reflejaba del sol. No obstante sujeté bien la cuerda y eché a andar hacia casa con la sonrisa en la boca.

Cuando llegué te llamé por todos lados y lo único que encontré fue una nota que decía “Me cansé de esperar, quiero en mi vida hechos, estoy harta de palabras. Adiós” La última palabra sonó a portazo en la cara. Me había quedado solo, no había siquiera acuse de recibo, ni el gato se había quedado a esperar su recompensa.

Luego pensé– ¡Qué diablos, las palabras son el puente que trazan siempre el camino entre dos imposibles, y la búsqueda fue lo que realmente valió la pena!


lunes, 17 de abril de 2017

Entrando en el laberinto

Hay viajes que te enseñan a mirar las cosas de forma diferente, a ver las mismas miradas en circunstancias muy alejadas, a naufragar en tus propias fortalezas. Este viaje no iba a ser diferente.

Cruzar un estrecho que separa físicamente una barrera de pensamiento, remueve miedos ancestrales, atraviesa carreteras olvidadas llenas de historias y paisajes de otros tiempos, ver la niebla abrazar las montañas que rodean un pueblo azul en mitad de la nada, un pueblo hecho para la mística y el disfrute de la persona acostumbrada a no salir de su centro de confort. Allí la vida transcurre entre relajado turismo y aldeanos que hacen de su más absoluta cotidianeidad una estampa de foto.





Para buscadores más emocionales ya está Fez y su laberinto de callejuelas donde la vida se gesta a cada minuto y en cada esquina. Una medina con más de nueve mil callejones, el bullicio atestando las calles, caldereros, palacios de mil y una noches cubiertos de polvo olvidado por el tiempo, curtidores, zapateros, una marea de sensaciones, búsquedas con la mirada, interacción en estado puro. No apto para cardíacos, no digno de cualquiera. Una vez atraviesas Bab Bou Jaloud has entrado en la madriguera.




Matar al dragón en su cueva y huir de nuevo a la naturaleza, la que devuelve la nostalgia, la que permite mirar al horizonte para sumergirte en la larga noche de los tiempos. Y encontrarse con Volubilis, los restos mejor conservados de una ciudad romana en Marruecos y que suponen uno de los puntos más alejados de los finos dedos del imperio romano. De Medusas y Hércules, de Calígulas y Caracallas cae el sol para dejarte sumido en una profunda paz, en un eterno descanso, en la sonrisa burlona de unos cuantos locos.



Pero no hay paz, ni fin de viaje sin mar, sin purificación, sin noche paseando entre calles de sal y olas acariciando tu oído. Y si hablamos de mar, y nombramos reyes, hablamos de fenicios, y hablamos de portugueses, y todo eso es Assilah, una medina anclada al mediterráneo de casas encaladas y pespuntes azules saltando por encima de las murallas que convirtieron la ciudad en la Puerta del Mar de la ruta del oro sahariano. El arte final corre a cargo de coloridos murales que artistas de todo el mundo plasman cada año en sus muros, lienzos para la ocasión.



Y volver a Tánger, un balcón de teselas y mosaicos de colores que mira a España con un suspiro pero cuya realidad resulta más prometedora que el presente de sus vecinos, dicen ellos que europeos, digo yo que desahuciados.





Y el mar, siempre al final de todo el mar.

miércoles, 5 de abril de 2017

Round the word

Apenas miraba el mapa, los meridianos me cambiaban de hemisferio y se resbalaban de los bordes como finas hebras de hilo quirúrgico. El gran azul chorreaba hasta el vaso medio lleno e iba buscando peligrosamente la gota que lo colmara. Con mis gafas, de combate, puestas sobre la mirada profunda y las alas desplegadas me fui sumergiendo en un dulce vuelo entre nubes de algodón y convulsiones de otras tormentas. Me sentía de nuevo subir hasta que lo de arriba era abajo y lo de abajo arriba y en esas empecé a teclear con auténtico desdén en busca de la siempre inefable escritura automática, y dejé el cadáver exquisito de tanto verso libre. Con la prosa de compaña me subí a la cresta de un ensayo distópico y naufragué en mares de acuarela. Remonté ríos de tinta y escalé hasta proverbios insondables.

A partir de allí no encuentro la forma de vivir adrede si no es a través de un alucinógeno consuelo, una pelota de goma que embarco y nadie me va a buscarla. Con música de Saint Germain des Prés Café de fondo, y el suave arrullo de un Ahora en el hombro. ¿Qué es un Ahora? Una antigua leyenda decía que las personas eran hace mucho tiempo animales simbióticos e iban siempre acompañados de un pequeño pájaro que revoloteaba en silencio sus cabezas. Cada vez que los humanos veían un paisaje único, daban su primer beso o conocían a alguien especial el Ahora les daba un pequeño picotazo en la cabeza y creaba un momento de Plena Consciencia.

Pero como las cosas buenas no son de nuestro gusto y nos cuesta cuidarlas como se merecen los Ahora empezaron a caer en la noche del olvido y pronto fueron sustituidos por pájaros de negro plumaje llamados Antes y Después.

Pero el final de la historia quiere necesariamente que dejemos una luz a la esperanza, una flor a la primavera, y permitamos darnos unos segundos en cerrar los ojos, respirar profundo para espantar las plumas negras y sentir el picotazo de un Ahora que nos guardamos en el alma.


El mundo puede esperar, los trenes seguirán pasando, eso es cierto, pero ya dijo Gloria Fuertes “me dijeron: O te subes al carro o tendrás que empujarlo. Ni me subí ni lo empujé. Me senté en la cuneta y alrededor de mí, a su debido tiempo, brotaron las amapolas”


martes, 14 de marzo de 2017

Detrás de cada puerta

Nadie me dio el manual de instrucciones de la vida, o se mojó por el camino y nunca pude leerlo. Solo sé que salí a buscarte una mañana de marzo y ya no he vuelto a ser el mismo. Pernocté en antiguos palacios lituanos a orillas de un lago helado, subí a las Montañas de Tatra siguiendo palabras que no comprendía, hice un alto en el camino en un pueblo desde el que se podía ver la cumbre nubosa del Ararat. Vi oxidarse el amor en los puentes y una honesta reverencia sobre una tumba en Monparnasse. Encontré a un indígena pescando bajo la sombra de un gigante soviético, una anciana cegada por los primeros rayos de Kinich Ahau, una pesadilla en Elm street. Perdí mi sombra en el Tiergarten, la credibilidad buscando una puerta alquímica en un barrio de Roma y la decencia nadando con tortugas en Tulúm.

Soñé novecientos kilómetros a pie hasta el lugar donde muere el sol, tú soñabas con besar el suelo de Broadway, soñamos también con volver a caminar de noche por Venecia con máscara y capa. Pasamos miedo en un bus de Estambul y una cena inolvidable en el Chapitô.

Algo vivido, mucho mundo más por ver. Te espero en alguna calle de Chaouen llena de gatos, en una librería de Montevideo, no le pongo nombre hasta que el olor a papel viejo me lleve a ella. Un estornudo oportunista junto al Perito Moreno, un baño de sol en Valparaíso, un dibujo a tinta en Rapa Nui o un cuento de los hermanos Grimm en Kassel.

Te esperan a la vuelta de la esquina diarios de motocicleta, viajes por el scriptorium con vocación de flâneur. Dice Paul Theroux: Deja tu casa. Ve solo. Viaja ligero. Lleva un mapa. Ve por tierra. Cruza a pie la frontera. Escribe un diario. Lee una novela sin relación con el lugar en el que estés. Evita usar el móvil. Haz algún amigo.


La vida no se acaba mañana… la vida se acaba Hoy.


miércoles, 22 de febrero de 2017

La noche de los cuchillos

Una vez más mirando al reloj, contando los segundos para ver caer sobre la mesa el resultado de los finalistas del Mayor Espectáculo del Mundo. Con todo escuchado, amén de algún grupillo de preliminares que no me dio tiempo, ni ganas, de revisar veo un nuevo año la caldera a punto de explotar.

Voy a mojarme antes de que caigan los puñales relegando a los siempre felices gaditanos a la otra vida, la calle. Empiezan los carnavales, empieza la celebración pagana que se remonta a Sumeria y los antiguos ritos egipcios al toro Apis y de allí fue a antiguos ritos asiciados al dios Baco y al vino, con Momo como una divinidad invitada a la fiesta como la personificación de la burla, la sátira y la agudeza irónica, hijo de Hypnos, el Sueño, y Nix, la Noche.

Fiesta de máscaras y disfraces donde se permiten los pecados de la carne, se permite la libertad de expresión y la exaltación del humor. No atravieses estas puertas si no te sientes preparado para romper con la hipócrita verdad, derrumbemos los muros y hagamos pasar el hilo de nuestra vida en el ojo de la aguja.

Queda una agrupación, así lo avisan por megáfonos y yo voy a hacer mi pronóstico. Mi derecho a expresarme, la lista de reyes para todo aquel que quiera conocer lo que se lleva de mi vida cada febrero. En primer lugar empiezo mi camino citando a quien considero la pluma más fina del carnaval, Juan Carlos Aragón, filósofo y poeta, y si yo ya fuera un firme seguidor de sus letras, este año los vivo de peregrino a peregrino y les deseo lo más grande del concurso. Parafraseo al poeta “Por el mundo voy caminando, como un peregrino llevo toda la vida, siempre por el margen y pisando los charcos, buscando la verdad por direcciones prohibidas”

Y si tengo que elegir el resto de compañeros que tienen que acompañarlos a la final a riesgo de que me explote la cabeza me llevaría a La azotea, me montaría a una cuerda sobre un abismo de grupos y elegiría a Los equilibristas para no caerme al vacío. Y si tengo que mojarme, solo si tengo que mojarme pagaría dos óbolos al barquero y me montaría en La Eternidad de Caronte porque si no llamaría al Ángel de Cádiz para que me diera su protección.

Las chirigotas las desvisto de seriedad y me lo tomo menos en serio, Solo me llevo a los que me hacen reír de verdad y no los que hacen sus gracias como si tuvieras que reírte. Su sino es ser auténticos y sorprendentes. En esta categoría, ya que no está el Cabra que me hace reír en cuanto sale al escenario, doy mi bendición a El Selu, porque año tras año demuestran que domina como nadie el arte del personaje gaditano con su muestrario de esos que te vas a encontrar por cualquier calle de Cádiz un día cualquiera. Vivan mi suegra como ya dije.

Me han sorprendido este año sin embargo el irreverente entierro que le hacen a Manué en la chirigota No te vayas todavía que ya no saben qué hacer para mantener fresco al fiambre. Sólo por el pasodoble que le dedican a la única componente femenina de su grupo y animando a las mujeres a participar más en el carnaval. Y si de cuplés hablamos el que le pidieron al jurado que se dieran prisa en decirles si pasaban o no a la final porque Martínez Ares les esperaba con la barca en doble fila (chiste interno entre agrupaciones que le da el auténtico sabor a espontaneidad al carnaval). Las otras dos plazas, sin pensármelas mucho se las daba a los del planeta rojo, pero rojo, rojo porque también dan la talla menos la de picha, de picha no…pero tienen dos!! Y pa religión la mía que me parecen que animan bastante y vienen con tradición antigua e ideas nuevas.

Los coros nunca fueron mi fuerte porque me dan sueño, eso es así. Pero me flipan los trajes. Este año he procurado no dormirme viéndolos y lo he conseguido parcialmente así que voto para la final a los que no lo han hecho que han sido Mi gaditana, la reina de la noche, el mayor espectáculo del mundo que me ha gustado especialmente y si tuviera que mojarme metía a julio Pardo pero es que creo que no he llegado a escucharlo entero ningún año, así que me quedo con el vapor del sur que tenían una bonita musicalidad a Mississippi.

Y los cuartetos no los dejo los últimos porque crea que deban estar los últimos, al contrario, porque quiero reivindicar  que deberían no solo sobrevivir con dos plazas en la final, sino que deberían reinventarse, debería aflorar en una nueva primavera y volvieran a ser un género fuerte en los carnavales porque al final es el más teatral de todos los géneros. Reconozco que siempre digo que desde windous 95 no he visto un cuarteto igual. Y mucha gente más lo dice, así que igual allí está la evolución natural del cuarteto. No obstante me reí bastante con los dos cuartetos que han pasado a semifinales así que yo me los llevaba a los dos a la final pero decir que me quedo con el personaje de la niña gótica de lo que el viento se llevó (odio elegir).


Así que espero que el jurado sea clarividente y monte la final que a mí me gustaría ver. Y el que no esté de acuerdo con mi opinión, te joes que estamo en carnavá.